Por Federico Pineda y Manuel Dios
Minutos antes de las cinco de la madrugada del 14 de febrero de 2016, suena el celular de Silvia. Mientras trabajaba como recepcionista de ´´El Centavo´´, una residencia para mayores, le pregunta a su hija, Martina, si ya estaba en la casa y ella le cuenta que estaban dejando a Florencia, su mejor amiga, en su casa y de ahí iban con Franco, su novio, a la casa ubicada en Camargo y Julián Álvarez. Su madre le pide que le avise cuando llegue al domicilio de ella y su esposo Óscar. Fue la última vez que habló con ella.
“Atropellaron a Martina. Es un Corsa gris, cuatro puertas, vidrio polarizado”, escucha del otro lado de la línea con la voz inconfundible de Franco. El llamado se corta. Ella vuelve a llamarlo y él no hace otra cosa que repetir lo dicho y vuelve a cortar. Lo llama de vuelta y Silvia le pregunta si Martina respira. “No me dejan acercarme”, dice el joven de 17 años que vuelve a repetir la frase de cabecera y vuelve a cortar.
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Martina Miranda falleció con 16 años tras ser embestida por un auto conducido por Damián Villanueva en el Día de San Valentín. Estaba con su novio Franco. Su asesino se suicidó dos días después.
Mientras suplanta a una compañera suya que se había ido de vacaciones, empieza a llamar desesperadamente a su esposo. Le pide a su marido que vaya cuanto antes al lugar del hecho. Minutos después, un llamado de él empezó la pesadilla que se sostiene hasta el día de hoy. “Me pidió que vaya al lugar y ahí supe que Martina estaba muerta porque habiendo hospitales cerca, si hubiera estado bien me hubiera dicho venite a tal hospital”, dice Silvia debido a la cercanía con el Durand o el Italiano. Allí empezó ese dolor que continúa hasta el presente.
“Tenes que asimilar que perdiste a tu hija, que no sabías un montón de cosas porque no sabías que hacer. No sabías que vos tenías que buscar un abogado. No sabías que tenías que ir a reconocer el cuerpo de tu hija en la morgue si ya la habías reconocido tirada en el asfalto. No sabías que para recuperar sus pertenencias tenías que ir a la comisaría porque la morgue no se las queda”, asevera sobre las crueldades de un sistema burocrático que, a falta de una, la mata varias veces a la persona que falleció.
Tras cruzar en rojo y atropellar a alta velocidad a Martina Miranda en las intersecciones de Avenida Scalabrini Ortíz y Vera, Damián Villanueva huyó en contramano por Avenida Corrientes. Martu -como la llama su madre- tenía solo 16 años y festejaba su primer día de San Valentín con el primer novio que presentaba a su familia. El mismo que le dijo de cruzar en diagonal, pero ella prefirió respetar las señales de tránsito. “Yo siempre le enseñe a cruzar a Martu. Franco le pide a ella cruzar en diagonal. Si ella le hubiese hecho caso llegaba, el tiempo le daba, ella cruza senda peatonal, senda peatonal, senda peatonal y el tiempo no le dio. Igual ella no estuvo en falta”, recuerda su madre. Una alusión que la lastima aún más. “¿Para que le enseñe a cruzar bien? Si ella ya se fue”.
El 10 de marzo del 2016, Silvia Fredes expresó para Infobae que su mayor miedo era que el caso quedará impune sin saber que el asesino se había ahorcado dos días después del suceso. Gabriel Becker asumió como su abogado en la causa penal hasta que se cerró. Su llegada no fue obra de la casualidad. Se apersonó en la casa de Silvia después que la mamá de una compañera de Martina de toda la primaria lo haya mandado. Ahora, sigue yendo como amigo de la familia.
“El caso quedó impune. Te deja un vacío. No solamente mató a Martina sino que nos sacó la posibilidad de haber hecho justicia por ella. Nadie pagó por lo que a ella le pasó. Hablando horrible, a mí me hubiese gustado que se hubiese estrellado contra un árbol y se mata solo y no se lleva a mi hija, pero no. El pago de un resarcimiento económico en el juicio civil es algo que no te interesa porque sea lo que sea que te ofrezcan nunca será lo mínimo que vos querías y no habló de lo económico. Nadie nos va a devolver a Martina”.
Una cosa que ayudó bastante a que el caso quede impune fue que recién el auto homicida fue peritado una semana después del asesinato. Villanueva ya se había suicidado. Los domos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires no fueron de utilidad, pero las cámaras de seguridad de los locales aledaños al lugar del hecho fueron claves para identificar el auto y hallar donde vivía el asesino. Debido a que el hecho sucedió en Villa Crespo y él era de La Paternal, las diferentes jurisdicciones representaron un problema muy difícil de subsanar. “La Fiscalía debía comunicarse primero con la comisaría 27 (Villa Crespo), después la 27 devolverle a la Fiscalía, después la 27 debía comunicarse con la otra comisaría para que le diera jurisdicción a las cámaras que circularán por ese lado y todo eso tarda. Uno cree que llama por teléfono y le pide las cámaras y ya se las estás mandando como cuando nos mandamos un mensaje de Whatsapp. Tendría que ser más rápido, pero no”, explica Fredes.
“Las cámaras del edificio lo toman a él solo bajando del auto, yendo a la parte delantera, se agarra la cabeza y vuelve a subir”.
En este contexto hay una persona que pudo salvar ambas vidas y era la novia de Villanueva, Fátima. Una pareja que proyectaba tener hijos y que vio truncado su deseo como el de Silvia de ver egresar del secundario a su única hija. Contra ella, nunca pudo ir la familia de Martina porque tenía un vínculo con el asesino. Pudo haber evitado que Villanueva maneje esa noche o haber llamado a la Policía para denunciarlo. No hizo nada. Es más, a las pocas horas del hecho se la vio lavando el auto. Sin embargo, no se la pudo acusar de nada por esa relación. La justicia no te puede obligar a declarar en contra de una persona que tiene un vínculo con ella y esperan que el juicio civil sea el daño colateral que tanto buscan.
“Villanueva no era el dueño del auto. El dueño del auto había muerto en el 2013. Al tener frenada la sucesión de la familia Ferraro (el dueño fallecido), ellos pueden ir contra ella. Quizás es loco y si se lo cuente a un juez se me cague de risa en la cara y me diga que está delirando”, explicó la madre de Martina que recordó como inicio un proceso que no quería realizar: “Recuerdo las palabras del fiscal que me mostró a Villanueva muerto que me dijo ´Hay dos cosas que a las personas les duele: que te toquen un hijo y otra que te toquen el bolsillo. A vos ya te sacaron una hija´”.
Sin embargo, nada ni nadie hará que Martina vuelva a este mundo y todo ese proceso de superar una muerte insuperable sucede cada 24 horas. “Siempre digo que es un reinventarte día a día y para las personas que hemos perdido un hijo -puede sonar tonto- pero el día de verdad dura 24 hs. A todos les dura eso, pero tienen planes para mañana o decís que tenes que estudiar para un parcial. Mi día dura 24 hs porque yo, al acostarme, no se si voy a tener ganas de levantarme al otro día”, confiesa y agrega: “Los padres que perdemos un hijo nos tendrían que entregar una medallita y decir ´´ya pasó un mes´´, ´´ya pasó otro´´. Es un día a día”. En ese proceso tiene a una fiel compañera que tampoco obtuvo justicia y el asesino de su hijo cumplió menos del 10 % de su condena.
Viviam Perrone sufrió la muerte de su hijo, Kevin Sedano, de tan solo 14 años en mayo del 2002. Él fue atropellado por Eduardo Sukiassian que huyó de la escena inmediatamente a alta velocidad en su auto. Kevin agonizó una semana y murió. 74 días pasó preso su asesino en el Penal de Ituzaingó de la pena original de tres años de prisión. Hoy junto a Silvia dan charlas en escuelas primarias y secundarias y allí les cuentan a los alumnos porque situaciones pasaron, lo que te lleva a hablarles y lo que pretenden de ellos. Esas charlas muestran el cambio de posición que generó Martina en Silvia al cruzar una calle. “Digo que aprendí a mirar el tránsito además del semáforo”, explica.
Ese cambio de paradigma fue una milésima parte de todo lo que ocurrió con su partida. No siguió trabajando como recepcionista en la Residencia y gracias al ingreso de su marido les sirve para llegar a fin de mes. Se acabó Navidad. Se acabó Año Nuevo. “En casa, Martina adoraba la navidad, no creía en Papa Noel pero creía que los regalos tenían que llegar, parte del ritual era poner los regalos en el arbolito mucho tiempo antes para aguantar hasta el 25. Todo eso se terminó. En 2016 se dejó de festejar todo. Las fiestas no las pasamos con familia porque es incómodo, yo no quiero brindar. Con la familia te podes ver el resto del año. Nosotros viajamos para la fecha de las fiestas y nos agarra en ruta”.
Se acabaron los cumpleaños. Ella cumple el 9 de diciembre; Martina dos días después. “El día que mataron a Martina nos mataron a nosotros y se olvidaron de llevarnos”. Nunca visitó la estrella que está en memoria de su hija en el lugar del hecho. Solo la vio por fotos. Vaya paradoja, ella es la que gestiona la puesta de las mismas en la Capital Federal.
“A veces, la locura te lleva a ver ropa para ella en una vidriera, quedarte mirándola y después preguntarte que estaba mirando y seguir caminando. Tenes esos stand by que estás en la nebulosa. Vos misma te lo reprochas”.
A pesar de su corta edad (45 años), la posibilidad de tener otro hijo está descartada. “La mayoría te pregunta porque no tienen otros hijos, y yo siempre quise tener una sola. Haber pensado tener otro hijo después de lo de Martina hubiera sido tapar el sol con el dedo”.
Al estar casada, se apoyan entre ustedes con tu marido…
“Hay muchas familias que se rompen, pero a nosotros la bronca nos llevó a seguir más juntos. Tirar por lo mismo. Nosotros sabíamos a lo que apuntábamos que es la locura del daño colateral, pero eso nos mantuvo… Igual te cambia toda la vida. Por más que sigas en pareja, que lo queras… Le perdés el miedo a la muerte y no hay nada que te toque. Si un día viene tu marido y te dice que está con otra, vos le decís listo. No es como antes que vos decís ´´que me pasaría sí…´´ Como lo peor te pasó, el resto… Antes, cuando estaba Martina, si mi marido me decía de jugar el sábado al fútbol le decía ´´¿Estás loco? Tenes toda la semana para irte´´ Ahora te lo dice y le digo que sí porque quiero la televisión y mis pensamientos. Se hizo unido, pero hay cosas que quedan rotas”.
Ya no pudo caminar libremente por la calle. Antes, tomaba el Subte B en la estación Malabia, a cuadras de su casa. Ahora, se lo toma en la estación Ángel Gallardo. Hace pocos días, se bajó 15 cuadras antes del colectivo que iba a pasar por Scalabrini Ortíz y Vera para evitar recordar todo. A más de tres años después del hecho, recién empezó a combinar algunas calles cercanas a ese fatídico lugar. “Yo no piso el centro de Villa Crespo. No puedo. El proceso es parte de la locura”.
Como ya lo ha contado, ese proceso transcurre día a día y su acercamiento a Viviam Perrone fue fundamental para convivir con un dolor que comparten. “La admiro, te miras al espejo y decís ella lleva 17 años y ¿Cómo es que no voy a poder yo también?”. Hoy en día, sostiene que ese ejemplo “es una motivación” para seguir adelante. Viviam fue su nexo con la Asociación Civil Madres del Dolor.
En medio de una cena de fin de año en el 2018, la mamá de Kevin la invitó a la Asociación para que la ayude porque había mucho trabajo por hacer en los temas de tránsito y ella estaba sola. Ingresó a principios de este año. Esta Asociación la mantiene útil ayudando a otras madres que pasan por su mismo sufrimiento y las comprende a superar el dolor sin importar lo que diga el resto.
“No me sentía gladiadora, pero me siento capacitada para decirle a alguien lo que a mi me hubiese gustado escuchar, no decir lo que te dicen. Lo que la mayoría de las personas dice es que ´hoy yo en tu lugar estaría muerta´ y por dentro pensas tan hija de puta soy que todavía sigo viva. Otra cosa que te dicen es ´ya está déjalo de llorar, déjalo irse´, yo pienso a donde si ya se fue. Te lo dicen de onda, pero es doloroso que te vengan a decir eso. Te replanteas muchas cosas. Si reís, te dicen ´´me alegra que ya lo superaste´´. En este proceso pensas que reírte está mal. A la gente le digo que no le importe lo que la gente le diga. Lo peor es cuando te dicen en tu lugar… Unos de los dichos es que se fue a un lugar mejor y yo pienso ´en mi casa estaba mejor, no estaba maltratada, que me hablas de un lugar mejor´”.
¿Cómo es el tema de relacionarte con personas que pasaron por lo mismo?
“A veces lo ves con cosas pequeñas, la mayoría de los que pierden un hijo en casos viales son muy pocos los que son hijos únicos. Cuando decís la edad y que es hijo único es como volver a lo mismo porque decís que ahí quedó truncado todo. Sentís que podés escuchar y que a veces terminas haciendo terapia, y la otra madre te agradece al no sentirse una loca. Después del año recién regale las cosas del cuarto de Martina. Hay cosas que no pude sacar. La compu y los libros están en el mismo lugar. Solo saque ropa. Yo no quería sacar las cosas porque sentía que la olvidaba y cualquier persona que no le pasó te dice que estás re loca, pero a la que le pasó te dice que le ocurrió lo mismo. Yo le digo que se de tiempo. Tu experiencia horrible le sirve para amortiguarlo mejor”.
Dentro de la Asociación, hay madres que perdieron a sus hijos en diferentes circunstancias, pero muchas tienen otros hijos de los cuales hablar. Para Silvia y Nora Iglesias eso no ocurre. En 1996, Nora perdió a su única hija de seis años de edad, Marcelita, a la que le cayó una escultura de casi 300 kilos en la cabeza en el Paseo de la Infanta que ahora lleva su nombre, pero nadie fue responsable de ese asesinato. La inacción judicial hizo que se le permitan más de 100 recursos a los acusados para atrasar un juicio que nunca llegó. Una ley dictaminó la baja en los años de prescripción de las causas y la jueza, rápida para aceptar los recursos, fue igual de rápida para dictar la prescripción de la causa.
Nora nos dijo que el proceso de sacar los cosas de su cuarto duró 5 años, ¿Hablan de lo que les pasó?
“Siempre hablamos, como coincidimos que perdimos a nuestra única hija. Ella no pudo tener más y yo no quería. Siempre hablamos de lo que costaba regalar cosas y deshacerse de cosas que ella quería tanto. Es distinto hablarlo con Viviam que tiene a los otros hijos. Con Norita compartimos que no vamos hacer abuelas, el resto lo es. No solamente me mataron a Martina sino el presente y el futuro, sólo me quedó el pasado”.
Además de acompañar a Viviam a diferentes charlas, asiste a las familiares de los fallecidos, va a los juicios y habla con diputados para elaborar proyectos de ley. En el último tiempo, realiza junto a ella y a familiares de víctimas en siniestros viales de todo el mundo una campaña internacional para prevenir, difundir y concientizar sobre esto bajo la consigna #CommitToAct (Comprométete a actuar) que organiza la Global Alliance of for Road Safety and Road Victims (Alianza Global de Seguridad Vial y Víctimas Viales) que ha tenido fuerte apoyo en las diputadas nacionales Graciela Ocaña, Silvia Lospennato, el ministro de Justicia Germán Garavano y el periodista Luis Novaresio, entre otras personalidades.
“#CommitToAct apoya a las ONGs para que presionen a sus gobiernos locales y nacionales a hacer compromisos claros, significativos y específicos para las acciones de seguridad vial a nivel de políticas, implementación y cumplimiento, y luego para rastrear y resaltar estos compromisos. Estos compromisos pueden ser grandes o pequeños, pero lo importante es que se cumplan”, aboga el sitio oficial de la Alianza con esta nueva iniciativa para generar concientización en la población mundial.
Link de la Alianza desarrollando los reclamos que le hacen a los Estados para prevenir muertes en los siniestros viales. http://www.roadsafetyngos.org/peoples-declaration-sp/
A días que la Asociación cumpla 15 años de vida, ella no habrá cumplido ni uno dentro. Esa misma ONG que cumpliría las bodas de cristal. Un cristal que, aunque sea opaco, las madres lo hacen transparente: “La Asociación es poder respirar dentro del ahogo que vivís continuamente y hay veces que hay gente que te dice ¿Estar dentro de tanta muerte no es peor? Y no. Pero te lleva a sentirte útil para los demás. Las madres tienen un corazón enorme y es un grupo que entiende lo que vos pensas, no te juzgan. No llevan ninguna bandera política que no sea la foto de tu hija”.